Si bien la fecha formal de fundación de la Biblioteca Popular «Bernardino Rivadavia», según las actas, es el 9 de julio de 1918, la primera noticia que se tiene de ella nos lleva al 7 de junio de ese mismo año. En esa fecha, dentro de la Comisión de Fiestas Patrias de Pueblo Aguirre (Estación Arroyo Seco), surgió la idea de fundar una biblioteca pública, la cual fue aprobada por unanimidad. Para llevar a cabo dicha tarea, se designó una comisión encargada de organizar la futura institución a través de la búsqueda de socios, la recolección de libros donados o prestados por los vecinos e instituciones, y el alquiler de un local. Asimismo, entre sus tareas, debió redactar un proyecto de estatuto que luego sería aprobado por la asamblea fundadora.
La labor de esta comisión fue valiosísima: en tan solo un mes logró sentar los cimientos de la futura biblioteca que, según sus estatutos, propiciaría reuniones y conferencias con fines culturales. Su objetivo principal era difundir, por medio de publicaciones periódicas, todo aquello que tendiera a llevar la cultura al pueblo, manteniendo siempre su absoluta independencia de tendencias ideológicas, credos o de cualquier otra institución local.
Los primeros años de la biblioteca fueron duros debido a la cantidad de obstáculos a vencer: la colección inicial no llegaba a los 500 volúmenes, los socios eran escasos y la institución no tenía un lugar fijo, por lo que estaba sujeta al alquiler de diferentes locales. La acción de esta época se centró en tratar de vencer la apatía de la población y lograr más socios, además de recaudar fondos para la compra de nuevos libros, el pago del alquiler, el sueldo del bibliotecario y el mobiliario. La falta de recursos se reflejaba claramente en sus primeros útiles: un libro de caja, un libro de actas, un libro copiador, un libro catálogo, dos biblioratos, un timbre, plumas, papel y secante. Sin embargo, esta escasez de elementos se veía compensada por el entusiasmo y la esperanza de aquellos visionarios.
La primera actividad realizada fue una velada cinematográfica, literaria y musical, llevada a cabo el 21 de diciembre de 1918 en la Sociedad Italiana. En ella participó la Banda de Música de la ciudad y se solicitó en préstamo el piano de la Escuela Fiscal. Para publicitar el acto, se mandaron a imprimir 1000 volantes de propaganda y 500 entradas, logrando un saldo a favor de 135,95 pesos. Ya en abril de 1919, la compañía teatral Morice realizó una función a beneficio de la institución. Durante ese mismo año, en conmemoración del 25 de Mayo, se llevó a cabo una Conferencia Patriótica a cargo del Sr. Juan Amelio Ortiz, que contó con la asistencia de escuelas y del público en general. También se adquirió una bandera para el frente del edificio, y la Escuela N° 36 realizó una velada en la que donó el 50% de lo recaudado a la biblioteca.
En septiembre de 1919, la biblioteca se mudó a un local más amplio y céntrico, propiedad del Sr. Ayaza. Estaba ubicado en la calle San Martín, casi esquina Hipólito Yrigoyen, donde antes funcionaba el Banco Español del Río de la Plata y vecino al espacio que hoy ocupa el Banco Provincial de Santa Fe. Este nuevo lugar era cómodo y confortable, y contaba con un gran salón y un espacio para la secretaría. En esos años también se iniciaron los contactos con la Comisión Nacional Protectora de Bibliotecas Populares con el fin de recibir sus beneficios.
En aquellos tiempos, el funcionamiento era muy diferente al de hoy: el material no se retiraba a domicilio y el horario era exclusivamente nocturno. Hay que tener en cuenta que en esa época los medios de comunicación eran escasos (no existía la televisión, el cine mudo era una novedad y la radio era un lujo de pocos), por lo que los diarios se convertían en una forma efectiva de informarse por la noche, luego de la jornada de trabajo. Las primeras publicaciones recibidas fueron las revistas El Hogar y Mundo Argentino, y el diario La Prensa. Además, ya se hablaba de establecer una sección infantil para los escolares.
Para ser socio activo se debía ser mayor de 18 años y ser presentado por dos socios. La cuota mensual alcanzaba los 0,50 pesos para los socios activos y los 0,30 pesos para los socios adherentes.
Lamentablemente, la situación económica condicionó fuertemente el proyecto. La escasa cantidad de asociados, el bajo porcentaje de los que efectivamente pagaban la cuota y el nulo apoyo oficial provocaron que la situación se agudizara entre 1922 y 1924. Por falta de fondos para pagar el alquiler y los sueldos, la biblioteca se vio obligada a cerrar temporalmente en julio de 1924. En 1925 logró reabrir gracias a un préstamo del Sr. Alejandro Gómez, lo que permitió pagar los alquileres atrasados y comprar libros, entre ellos la Historia Natural Jackson de 13 tomos. Se volvió a contratar a un bibliotecario, pero las causas de fondo de la crisis no se habían solucionado. Así, la institución volvió a cerrar sus puertas en febrero de 1926, quedando todos los materiales y libros bajo la custodia de la Comisión de Fomento.
En agosto de 1928, con un gran empuje de sus directivos y una reforma de los estatutos, se reabrió la biblioteca en un nuevo local alquilado al Sr. Francisco Aiello. Esta época estuvo signada por el crecimiento, y en ella se dieron una gran cantidad de actividades: se realizó una función cinematográfica a beneficio de la institución en la Sociedad Italiana y se organizó, conjuntamente con el Club Athletic, una kermese en el campo de la Comisión de Fomento. Parte del dinero recaudado se destinó a la compra de nuevos muebles. En este período ingresó una gran cantidad de asociados y, para acrecentar el caudal bibliográfico, se realizaron colectas de libros.
Asimismo, se decidió encargar la confección de tres estanterías y una mesa al carpintero Lucas Tonino; algunos de estos muebles son los que actualmente se encuentran en la sala de lectura. También se le encomendó al mismo carpintero la fabricación de un mueble para diarios y revistas. Los años siguientes se caracterizaron por un sostenido crecimiento de las actividades, el equipamiento y la colección, acompañando el desarrollo de la población. Incluso, se visitaron bibliotecas de Rosario para observar sus métodos de trabajo y se decidió realizar un catálogo de la colección.
Algunas de las publicaciones que se recibieron durante los años 30 fueron las revistas Caras y Caretas, La Novela Semanal, El Suplemento, Tit-Bits, L’Ordine Nuovo, La Revista del Puerto de Santa Fe y La Revista de la Sociedad Rural de Rosario. En cuanto a los diarios, se recibían El Litoral, La Vanguardia, El Orden, La Nación, La Acción, Crónica, Tribuna, La Provincia y La Protesta.
En 1947, a instancias de las gestiones realizadas por doña María Passoni, presidenta de la Comisión Directiva, la Comisión de Fomento, presidida por Victorio Moscariello, donó a la biblioteca un local de 63 metros cuadrados en la misma ubicación en la que se encuentra hoy. Según la nota periodística sobre la inauguración del nuevo espacio, las palabras del Sr. Moscariello destacaron «el decidido apoyo de las autoridades comunales a toda obra social que, como la que realiza la biblioteca, propende al progreso social y cultural de la población y, por lo tanto, se hace merecedora del estímulo gubernamental».
Desde años anteriores, la vida de la biblioteca se venía desarrollando con relativa normalidad, pero en los primeros años de la década de 1970 se dio un hecho del cual le costaría varios años recuperarse. En 1973, en lo que se podría considerar un error gravísimo de las autoridades municipales, se decidió la mudanza de la institución a un lugar más chico, con problemas de infraestructura y alejado de la calle, situado al fondo de un largo pasillo entre el Juzgado de Paz y la Comisaría. Esto le ocasionó grandes trastornos, como la pérdida y rotura de material, desorganización y la pérdida de socios y lectores.
¿Cómo se llegó a este estado de cosas? Los motivos podemos encontrarlos en 1972, cuando se empezó a plantear entre las autoridades municipales y de la biblioteca la construcción de un Centro Cívico que albergara, entre otras instituciones, a la biblioteca. En 1973 se dio un recambio institucional en la municipalidad y este proyecto se desestimó. Sin embargo, con el supuesto motivo de efectuar mejoras en el edificio original, se la trasladó al inmueble mencionado. La sorpresa fue grande cuando en el antiguo edificio de la biblioteca se instaló una oficina de aguas corrientes; de esta manera, se cometía una injusticia muy grande para con la institución, sus lectores y la gente que había luchado para que tuviera su propio lugar en Arroyo Seco.
Este estado de cosas se extendió durante más de tres años, incluyendo un período bastante largo en el que la biblioteca permaneció cerrada a raíz de la mudanza. El 28 de septiembre de 1974, un grupo de socios y autoridades se reunió en el palacio municipal para intentar reorganizarla. De allí surgió una nueva comisión que trató de hacer frente a la situación y, con muy pocos recursos materiales, puso en marcha nuevamente a la querida institución. Finalmente, en 1977 se realizó un recuento de libros y un reordenamiento de socios, se tramitó con éxito la personería jurídica de la entidad, se llevaron a cabo distintos eventos culturales y se inauguró un mástil en el frente del edificio.
En 1983, conjuntamente con la recuperación de la democracia, se generó una importante participación en todas las instituciones y vecinales de la ciudad, de la cual la biblioteca no fue ajena. Se formó un numeroso grupo de trabajo que impulsó un surgimiento notable tanto de socios como de material.
De allí en adelante se dio un proceso de crecimiento que aún hoy se encuentra en marcha. Después de muchas vicisitudes, la institución fue logrando recuperar su lugar en la ciudad y, paralelamente, se registró un crecimiento en equipamiento, edificio, colección y en la especialización profesional del personal bibliotecario.
A partir de este desarrollo, en 1997, atendiendo a parámetros tales como la colección y su movimiento, el personal capacitado en funciones, la calidad de las instalaciones, el equipamiento técnico, el método de procesamiento de materiales y las actividades culturales desarrolladas, la Comisión Nacional de Bibliotecas Populares declaró a la biblioteca en la categoría «A». Esto significó un logro importantísimo, teniendo en cuenta que en ese momento, de 1745 bibliotecas populares de todo el país, solo 117 contaban con esa distinción, y en nuestra provincia, solo 8.
Distintas ampliaciones fueron desarrollándose a partir de la década de 1990. En 1995 se realizó una importante extensión de la sala de lectura, que superó el doble de su tamaño original, y se construyeron sanitarios y dependencias de servicios. Más tarde, en 1997, se construyó una nueva sala destinada a los procesos técnicos, la informática y la dirección; y en 2001 se inauguró la sala de usos múltiples, un espacio clave que le permitió a la biblioteca dictar cursos durante el día, organizar exposiciones, dar charlas y realizar actividades independientes de la sala de lectura.
En el año 2003 se llevó a cabo la ampliación del rincón infantil y del living de lectura, además de la remodelación de la fachada del edificio, en la cual se conservó el estilo arquitectónico original.
Este crecimiento edilicio, sumado al desarrollo de la colección, la diversificación de actividades y servicios, la actualización del equipamiento y la profesionalización del personal, ha generado un incremento de socios y usuarios inédito en la historia de la institución. Hoy en día, la biblioteca es un referente zonal y regional por sus servicios, y participa activamente en instancias nacionales e internacionales de capacitación e intercambio con instituciones similares.
Fundada el 9 de Julio de 1918. Personería Jurídica Res. 225. Categoría «A» otorgada por CONABIP.